Desde muy pequeña siempre he sido una persona con inquietudes culturales. Mientras que mi entorno se dedicaba a ver la tele, yo devoraba La historia interminable o La metamorfosis . Por tanto, mis hábitos culturales siempre han estados enfocados a lo que la lectura se refiere. En mi infancia fui una consumidora exigente de títeres, prácticamente me sabía todo el repertorio de las compañías y aún sigo disfrutando de sus actuaciones. Un poco después y algo más madura, desarrollé un gusto por el teatro, tanto desde el plano del espectador como entre bastidores. Estuve dos años en una escuela privada de teatro donde me esforcé en romper la cuarta pared y en la que aprendí sin duda multitud de actitudes para enfrentarme a diversas situaciones sociales.
La música y el cine (aunque más en su vertiente televisiva) son otra de mis grandes pasiones y suelo escuchar prácticamente música todo el día y ver varias películas o series a la semana. Pero si tuviera que destacar algo que me guste por encima de todo (a excepción de leer, que es y será para siempre mi placer más grande) es el mundo de los videojuegos.
A éste último le dedico bastante tiempo -quizás más del que debería- y se ha convertido en una de mis formas favoritas para desconectar del día. Soy una consumidora habitual de este sector y siempre estoy pendiente de las novedades que hay para poder jugar nuevos títulos.
Otro gusto - aunque no sé si se le podría llamar cultural- a tener en cuenta es la plataforma de Youtube, a la que también le dedico bastante tiempo y en el que me gusta seguir los vlogs diarios de algunos de mis youtubers favoritos. Éste sin duda es medio cultural más novedoso pero que cuenta con una multitud de seguidores y que gana, minuto a minuto, más peso en el panorama cultural mundial. Es, por lo tanto, una nueva forma de expresión y de concepción de la cultura y del patrimonio que no debe menospreciarse y que ya el sector empresarial ha sabido entender. Puede ser que ahora esté desvalorizado entre los sectores más conservadores pero es innegable la influencia que tiene en las mentes más jóvenes y lo potente de su herramienta.
La música y el cine (aunque más en su vertiente televisiva) son otra de mis grandes pasiones y suelo escuchar prácticamente música todo el día y ver varias películas o series a la semana. Pero si tuviera que destacar algo que me guste por encima de todo (a excepción de leer, que es y será para siempre mi placer más grande) es el mundo de los videojuegos.
A éste último le dedico bastante tiempo -quizás más del que debería- y se ha convertido en una de mis formas favoritas para desconectar del día. Soy una consumidora habitual de este sector y siempre estoy pendiente de las novedades que hay para poder jugar nuevos títulos.
Otro gusto - aunque no sé si se le podría llamar cultural- a tener en cuenta es la plataforma de Youtube, a la que también le dedico bastante tiempo y en el que me gusta seguir los vlogs diarios de algunos de mis youtubers favoritos. Éste sin duda es medio cultural más novedoso pero que cuenta con una multitud de seguidores y que gana, minuto a minuto, más peso en el panorama cultural mundial. Es, por lo tanto, una nueva forma de expresión y de concepción de la cultura y del patrimonio que no debe menospreciarse y que ya el sector empresarial ha sabido entender. Puede ser que ahora esté desvalorizado entre los sectores más conservadores pero es innegable la influencia que tiene en las mentes más jóvenes y lo potente de su herramienta.
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