lunes, 22 de febrero de 2016

Primeras impresiones sobre la gestión cultural.

Es prácticamente imposible afirmar que vivimos excluidos del contexto cultural. Incluso los pueblos y localidades más aislados poseen una historia - por muy ínfima que sea- que viene a desembocar y nutrir al patrimonio nacional.
Muchas veces es desconocida por los habitantes que pueblan dichas localidades ya que no hay una adecuada gestión cultural, debido a la escasez de interés de los órganos gubernamentales y a la poca inversión de recursos económicos en tales actividades.
Es por lo tanto desde mi punto de vista una tarea de vital importancia la de planificar y gestionar adecuadamente el rico patrimonio cultural y literario que nos rodea y que no sólo nutre a los habitantes censados, si no que genera gran cantidad de turismo.
Sin embargo, podríamos decir que la figura del gestor cultural es relativamente reciente y que tanto su formación como función aún no están del todo definidas, pese a lo delicado de su ejercicio.
Deberíamos entender por gestor del patrimonio a una persona cualificada que cuide y respete la importancia de la herencia con la que trabaja, ya que frente a un productor de cine que sí puede modificar una película en función de los gustos del consumidor, de las encuestas o valoraciones de los críticos, el gestor cultural no puede - o no debe- realizar modificación alguna sobre el producto en el que trabaja, debe saber analizar a qué público en concreto tiene que dirigir sus esfuerzos para obtener productividad.
Si pedimos cualificación a la hora de ser atendidos en una farmacia, debemos ser capaces también de exigir profesionalidad y formación a la hora de entregar nuestra dote cultural a manos ajenas, huyendo del interés puramente económico.
Es importante también, como ya mencionaba antes, saber localizar y enfocar al sector al que queremos dirigir nuestras actividades, ya que no se puede seguir la misma metodología a la hora de explicar nuestro patrimonio a un grupo escolar que a un grupo de adultos.
La mala planificación de esto podría suponer la desvirtualización de nuestra herencia, no causando impacto en nuestro público objetivo.
Es por tanto - y a modo de conclusión- un papel importante la figura del gestor cultural, ya que en sus manos está la administración y difusión de nuestra historia y todo lo que a ella la rodea.



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